Ciencia y religión.

discurso científicoEl discurso científico es la clave del sostén del poder en estos momentos. Por eso creo importante trascribir la primera parte de una conferencia de Jesus García Blanca que anunciamos hace poco, aunque con matices míos.

De siempre cuando no estaba de acuerdo en algo de la medicina me decían: es que eso no es científico, cuando querían echar por tierra a la acupuntura : es que la acupuntura no es científica, y así sucesivamente.  Un día me dije: pero “si yo no quiero ser científico, yo quiero ser médico“, y ahí se acabaron mis contradicciones. Decidí ser médico, no científico, yo nunca pensé en afiliarme a esta ciencia como ahora se entiende. Luego conocí a los disidentes científicos y la cosa me cuadró aun más.

Luego me cambiaron los criterios de pandemia, antes despreciaron los postulados de Koch, y finalmente se han dejado de ver los virus por el microscopio electrónico, o ha dejado de ser necesario el gold standard para que una prueba se pueda utilizar en todo el mundo para sentenciar a muerte al que le salga positiva.

Finalmente descubrí las leyes de la medicina, pero la ciencia no acepta estas leyes: por lo visto no son científicas ¿entonces porqué son leyes?.

Hoy me he dado cuenta de que ya no soy chamán ni brujo, me estoy convirtiendo en médico. ¡A la vejez: viruela!.  Sigue leyendo

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La microbiología oculta (I). Profesor Pierre Jacques Antoine Béchamp (1816-1908).

Louis Pasteur ( 1822-1895) y Antoine Béchamp (1816-1908), ambos franceses, propusieron dos explicaciones opuestas sobre la enfermedad pero sólo uno triunfó, su nombre es mundialmente conocido, el Institut Pasteur es famoso por sus vacunas.

Se puede afirmar que Béchamp descubrió los microbios antes que Pasteur pero descubrió también algo que no interesaba,  que en los seres vivos se produce una modificación de los organismos microbianos dentro de los tejidos y que no hay agresor externo. Su descubrimiento mas trascendente son los microzimas: las partículas más pequeñas de la vida.

Los micro-organismos cambian de forma o especie de unos a otros y ahora sabemos que también de microorganismo hay cambios a células y viceversa, es el pleomorfismo.

Claude Bernard (teoría del terreno) se interesó argumentando que lo más importante en la enfermedad es el terreno y que la enfermedad como “proceso biológico” se desarrolla dependiendo del medio interno así como del pH, el aspecto determinante de este terreno.  Aunque años después Pasteur en su lecho de muerte reconoció el trabajo de Bechamp cuando dijo: “Bernard tenía razón , el germen no es nada, el terreno es todo.”, este reconocimiento no tuvo trascendencia, pues Pasteur o sus teorías se impusieron o ¿las impusieron?.

En 1995 la UNESCO decretó el “año Pasteur” para conmemorar el centenario de la muerte del “gran sabio”. Simultáneamente, el New York Times titulaba “Las falsedades de Pasteur“. Tras una minuciosa lectura de las notas del químico biólogo, un historiador de la ciencia declaraba que Pasteur había mentido con respecto a su investigación, que robó las ideas de un competidor y que cometió varios fraudes.

En cuanto a Bèchamp, trabajaba sin preocuparse de su reputación, nunca se ha divulgado su trabajo, aunque descubriera un eslabón perdido en el origen de la vida. Cuando la salud es deficiente (por malnutrición, intoxicación, estrés físico o moral) el microzima se transforma en germen que es “una parte más” de la expresión de esta disarmonía, no la causa. Hablaremos de estos temas desde diferentes puntos de vista, lo cierto es que ya están totalmente demostrados aunque al “mainstream” del sistema no le convenga aceptarlo.

Varios científicos han demostrado con posterioridad la existencia de los microzimas de Béchamp que visualizaron y denominaron de diferentes maneras: Royal Raymond Rife (partículas polimórficas, 1920), Günther Enderlein (protitas, 1925), Wilhelm Reich (biones, 1930), y Gaston Naessens (somátidas, 1959) que podemos ver en el video de la sangre tomado con su somatoscopio.

Se merecen cada uno un artículo aparte. Pero esto no le ha importado a la ciencia, que cuando se mete en un “rail” no quiere salir de él, prefiriendo seguir por inercia a un punto que no sabemos dónde llegará.

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