Ciencia y religión.

discurso científicoEl discurso científico es la clave del sostén del poder en estos momentos. Por eso creo importante trascribir la primera parte de una conferencia de Jesus García Blanca que anunciamos hace poco, aunque con matices míos.

De siempre cuando no estaba de acuerdo en algo de la medicina me decían: es que eso no es científico, cuando querían echar por tierra a la acupuntura : es que la acupuntura no es científica, y así sucesivamente.  Un día me dije: pero “si yo no quiero ser científico, yo quiero ser médico“, y ahí se acabaron mis contradicciones. Decidí ser médico, no científico, yo nunca pensé en afiliarme a esta ciencia como ahora se entiende. Luego conocí a los disidentes científicos y la cosa me cuadró aun más.

Luego me cambiaron los criterios de pandemia, antes despreciaron los postulados de Koch, y finalmente se han dejado de ver los virus por el microscopio electrónico, o ha dejado de ser necesario el gold standard para que una prueba se pueda utilizar en todo el mundo para sentenciar a muerte al que le salga positiva.

Finalmente descubrí las leyes de la medicina, pero la ciencia no acepta estas leyes: por lo visto no son científicas ¿entonces porqué son leyes?.

Hoy me he dado cuenta de que ya no soy chamán ni brujo, me estoy convirtiendo en médico. ¡A la vejez: viruela!.  Sigue leyendo

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Diagnóstico de Cáncer

Cuando a alguien le diagnostican, ¿no le están realmente sentenciando?. Lo paradógico es que diciéndonos que lo nuestro es incurable se nos diga después que “debemos” tratarnos y creamos que si no lo hacemos estamos locos. ¿Por qué?.  Lo alucinante es que aceptemos el pronóstico sin rechistar, de aquel que a la vez admite no tener el remedio. Lo extraño es que muchas de las remisiones expontáneas sean en gente que no se trata. Y la incognita es, ¿qué pasaría si nadie se tratara de la únca manera que nos dicen que debe ser?.

Nuestro cerebro se puede programar con creencias erróneas implantadas, estamos programados para ver las cosas de determinada manera, creo que  nuestras mentes no son libres. Si lo fueran las reacciones de los que se les dice que van a morir serían variopintas e imprevisibles, pero sin embargo casi todos reaccionamos igual. Siempre hacemos lo que se debe hacer. ¿No tenemos elección?.

Se sabe también que la intención del médico puede influir en el resultado de la terapia. ¿Y la esperanza del paciente, no cuenta?. Parece estar prohibido darles esperanzas. ¿Por qué?, ¿qué son falsas esperanzas?, ¿quién dictamina qué es una falsa esperanza?. ¿Por qué no podemos los oncólogos dar esperanzas en la vida pero si vestimos el tratamiento con tanta?. ¿No es dar falsas esperanzas usarlo y recomendarlo como si fuera la panacea?.

Me ha sorprendido gratamente este artículo de Alish que trata este tema, parece como si lo hubiera vivido ella en primera persona. Y recomiendo la película “Amar la vida” que yo habría titulado: “aferrarse a no morir”. Morir a nuestras mentes, morir a nuestro miedo y renacer a la vida.

A veces la solución no está en volver a nuestras mentes: “volver a la biblioteca”, en esta película lo reflejan muy bien y nadie lo niega tampoco. A lo que hay ahora nos ha llevado nuestra mente y nuestro miedo, nada más. Y de poco sirve.