Manipulación hormonal y cerebral III

Vínculos tóxicos en Europa

Los toxicólogos que han torpedeado los planes de la UE para proteger la salud de los ciudadanos han tenido vínculos con la industria química.

Decir que el asunto de las sustancias que pueden volver “locas” a nuestras hormonas está que arde en Europa es poco. La cosa es ya un verdadero incendio. Una guerra desatada.

  • De un lado, la industria química mundial, demasiado pendiente de si en Europa se acuerdan o no mayores controles para ella.
  • De otro lado, la comunidad científica, preocupada por el crecimiento de una serie de problemas de salud que pueden tener en los contaminantes alteradores hormonales una de sus causas principales.

Uno de los últimos y más sangrantes episodios de esta batalla entre la salud de las personas y los intereses económicos, fue la reciente publicación, ante el estupor general, de un polémico texto por parte de un grupo de editores de revistas de toxicología. Sorprendentemente, decía que los planes de la Comisión Europea para proteger la salud de millones de personas frente a la amenaza de los contaminantes químicos capaces de alterar el equilibrio hormonal humano eran exagerados, que se basaban en presunciones  “científicamente infundadas” sobre el principio de precaución, y que iban contra el “sentido común”. El editorial, publicado en la revista Toxicology Research, causó un terremoto entre los eurodiputados, los científicos y las más diversas personas interesadas en la cuestión. Entre las reacciones, varios documentos científicos de repulsa razonada. El último de ellos firmado por más de un centenar de investigadores del primer nivel mundial, entre ellos decenas de editores de revistas de investigación médica en este campo, fue publicado por la prestigiosa revista Endocrinology, publicación de referencia en el asunto de debate: el de los contaminantes que actúan como disruptores endocrinos. En él los científicos dejaban claro que el escrito de esos toxicólogos “hace un flaco servicio a la Comisión Europea, a la Ciencia -incluida la toxicología- y lo más importante, a la salud pública”.

Al menos 17 de los 18 editores de revistas de toxicología que firmaron esa crítica han tenido vínculos con la industria química

Muchos se preguntaron cómo era posible que un puñado de editores de revistas de toxicología se manifestase de ese modo en contra de los esfuerzos de la comunidad científica y de la Comisión Europea Sigue leyendo

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LA HISTORIA DE LOS COSMETICOS con Annie Leonard

 

Siempre tuve mosqueo con los “cosméticos”. Primero me causaba desasosiego el hecho de que tuviésemos que saber elegir productos industriales en el “mercado” para ser aceptados por los demás y sobre todo por el sexo de nuestro interés, completamente ajenos a nuestra naturaleza. Esta problemática se ve acuciada en la adolescencia, que ya es compleja de por sí en estos aspectos.

Mas tarde me hicieron reflexionar la cantidad de problemas cutáneos (piel, uñas  y cuero cabelludo) que sufría la población incluido yo mismo: sequedad o seborrea, irritación, dermatitis…

He de decir, en mi experiencia personal (cada persona es distinta) que tras varios meses de no utilizar ningún producto industrial o de laboratorio sobre la piel (que es un ecosistema activo, complejo y fundamental) ni siquiera jabón, desapareció la sequedad y la irritación, mi olor corporal se estabilizó y se   redujo enormemente la dermatitis atópica de mi cabeza, la cual es de origen psicosomático, quedando como un indicador de mi estado nervioso y o emocional y no una constante e inexplicable molestia. Esto entre otras cosas es porque el jabón no deja de ser un producto químico que disuelve totalmente este ecosistema, destruye el equilibrio del PH dejando nuestra piel expuesta y desprotegida, claro, después hay que echarse cremas o aceites, de laboratorio o no pero ajenos a nuestro cuerpo y del mercado. No hablemos ya de los jabones “íntimos”  y de las cremas de protección solar para exponerse al sol largos periodos de tiempo en horas altas, comportamiento absurdo donde los haya y que todos hemos hecho alguna vez.