Día 6 de diciembre: día de reflexión.

El ser humano debe ser lo único importante, no se puede dictar una constitución que regule al ser humano porque ello va en contra de la libertad que debe ser, a su vez, el fin de este. El colectivismo con respeto por lo privado pero no explotador, es lo único que nos ha de permitir vivir coherentemente con la esencia humana de justicia y respetando la vida como proceso con un fin de crecimiento y de desarrollo cultural y espiritual.

La casi desaparición de lo humano ha resultado ser el elemento sustantivo de estos 34 años de supuesta “democracia” tras esta última constitución. Ahora tenemos unas multitudes rebajadas a lo gregario y el victimismo no propias de una sociedad civilizada sino controlada, dirigida, adoctrinada y exclavizada. Y unos individuos moldeados por el egotismo, el hedonismo, el miedo, la pereza y el olvido de sus facultades individuales, y lo peor de todo: con agresividad hacia sus iguales si estos no lo son según la idea creada por telepantalla de lo que deben ser, decir, hacer, sentir o pensar para que yo los acepte. Esta necesidad de que el otro deba ser como yo está directamente creada por el estado de bienestar iniciado en España legalmente por Franco en 1963, pero también es debida a la identificación con nuestros egos, no sólo a los controladores.
La lucha puede ser en el exterior, en la sociedad, pero también en el interior, dentro de cada uno, en nuestras acciones “o no acciones”, o en nuestra coherencia, en arriesgarnos a cambiar, en aprender a ser.  Nada que no sea el propio esfuerzo podrá emanciparnos.

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La Era de la Desinformación: Sobre como el exceso de información es peor que la simple ignorancia

Bienvenido a la Era de la: Desinformación. Tiempos en los que ya no se priva a la sociedad del acceso informativo, sino que se le satura de elementos contradictorios para generarle una ineludible confusión. Un proceso que bien podríamos llamar la “Era de la Sofisticación de la Ignorancia” y para el cual te proponemos un neuroestratégico antídoto.



En la era de la información resulta prácticamente imposible bloquear la diseminación de quantums (paquetes informativos) sobre temas que históricamente se mantuvieron al margen del conocimiento popular. Y ante la imposibilidad por seguir conteniendo estos causes de información, al parecer el mainstream media, así como la tradicional élite de poder, recurren a una técnica alternativa: la desinformación. Esta herramienta de algún modo intercambia la antigua ignorancia a la que se encontraba sometida gran parte de la sociedad civil por un nuevo, y tal vez aún más efectivo enemigo, la confusión. Y es que si analizamos de manera objetiva ambos fenómenos en verdad resulta más nociva esta segunda táctica empleada para proteger las agendas ocultas: es más “peligrosa” para los intereses a la sombra una sociedad que no sabe (y que en cierto porcentaje esta consciente de su ignorancia) que aquella sociedad que cree saber (pero en realidad no sabe nada) o incluso que sabe demasiado, teniendo a su alcance más mucho más información de la que es capaz de procesar lúcidamente. “La tecnología es muy divertida, pero también podemos ahogarnos en ella. La neblina de la información puede debilitar el conocimiento” afirmó acertadamente en alguna ocasión el historiador estadounidense D.J. Boorstin.   Sigue leyendo