¡Si hay alternativas!. Economía del bien común

Christian Felber es el ideólogo de esta economía que también podría llamarse “economía del sentido común”. Muy interesante además la información que da sobre la relación entre cuantía de la deuda y el monto de la propiedad privada, así como la de la relación entre salario mínimo y máximo en los diferentes países.

Aconsejo ampliarlo con lo que el economista Martin Traverso denomina economía consciente

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La pérdida del sentido de la vida es la principal causa de enfermedad y sufrimiento

Por Antonio Tagliati, investigador independiente.

La cooperación (no la competitividad) es la base de la vida. En el estudio de la vida, el punto verdaderamente importante (que no interesa observar porque no da dinero y, encima, crearía gente libre) es ver su dinámica, que se manifiesta en un flujo constante de fenómenos interdependientes cuya intensidad aumenta y disminuye continuamente. Sólo así se puede entender su sentido. Por el contrario, la ciencia académica fragmenta esta visión en miles de fotos estáticas de fenómenos presentados como no relacionados y a los que se pone nombres absurdos e inconexos. En particular, en el cuerpo hay constantemente un flujo de partículas atómicas y subatómicas que vibran como un diapasón en resonancia con el mismo flujo que inunda y rige el universo, y que crea constantemente lo que llamamos vida en la tierra.

La salud es expresión de un flujo correcto.

Lo que se llama enfermedad expresa a veces un bloqueo de este flujo, y muchas más veces es una fuerte reacción del cuerpo a fin de recuperar dicho flujo, cosa que la medicina oficial (y muchas alternativas) considera negativa, por lo que la reacción es suprimida, y ello conduce a la cronicidad. La medicina oficial convierte las reparadoras enfermedades agudas en enfermedades crónicas, y éstas en enfermedades degenerativas. No es de extrañar que los conceptos de “enfermedades crónicas, degenerativas e incurables” sólo existan en la medicina occidental moderna, y no en las Medicinas Tradicionales (ayurveda, tibetana, etc.).

Las bases de este conocimiento ya fueron reconocidas públicamente en los años treinta (Premio Nobel de Medicina de 1931 al Dr. Otto Warburg), pero en seguida fueron abandonadas y, de manera criminal, siguen silenciadas hasta el día de hoy.

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